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Johanna Izurieta avanza para defender la diversidad sexual e intercultural.

Lucha por la igualdad, y defiende la diversidad sexual y la interculturalidad.

Tras ser testigo de cómo discriminaban a una compañera del colegio por su orientación sexual, Johanna decidió ocultar la suya y no fue capaz de salir del armario hasta los 30 años. Hoy trabaja en una fundación que lucha contra la discriminación de mujeres y minorías.

Johanna Izurieta

Cuando Johanna Izurieta tenía 15 años, una compañera del colegio se le declaró a otra. La noticia corrió como la pólvora. A los pocos días, las 1.200 alumnas del centro empezaron a hacerle el vacío y la dirección pidió a sus padres que sacaran a la joven de la escuela. Johanna se acuerda perfectamente. Hechos como éste impidieron que saliera del armario hasta cumplir los 30 años. “Lo estuve negando mucho tiempo. Pertenezco a una familia muy tradicional y muy católica de Ecuador, un país donde el peso de la religión es enorme”, relata ahora que ya tiene 45. Reconocer abiertamente su opción sexual, y rechazar una religión que no la aceptaba, han sido algunos de los muros que ha derribado esta mujer que, desde muy pequeña, se rebeló contra los estereotipos. Entrar a trabajar en la Fundación Yerbabuena, la organización que hoy coordina, ayudó mucho a que aceptara que era lesbiana. “Es como una isla de libertad, el espacio que necesitaba para encontrarme”, explica.

En Yerbabuena consideran que las mujeres viven la misma discriminación que muchas minorías, como por ejemplo indígenas, afrodescendientes, gais, lesbianas y transexuales. Desde realidades distintas, abordan problemas comunes, como la violencia de género, la falta de acceso a la tierra o el crédito y la discriminación institucional. “Tenemos que dar un paso más y acercarnos”, asegura Johanna. Gracias a la solidaridad entre diferentes colectivos, han logrado que el Gobierno de Ecuador dé algunos pasos para que las personas transexuales puedan registrar su identidad de género en la cédula de identidad.

La sociedad civil ecuatoriana ha conseguido también que se despenalice la homosexualidad, que se reconozcan las parejas de hecho e incluso un tercer género. Hoy, Johanna sabe que su compañera de colegio hubiera podido expresar su amor libremente y que nadie se hubiera atrevido a expulsarla. Ya no sería la única, ya no estaría sola. “Ya no somos el bicho raro, ahora sabemos que hay muchos bichos raros, y que tenemos derechos”.

“Lamentablemente, todavía queda mucho camino por recorrer. De hecho, existen amenazas, reales y cercanas. Por ejemplo, se ha eliminado el consejo nacional de la mujer y el presupuesto para la erradicación de la violencia”. Por todo ello, Johanna, ha decidido meterse en política. Es uno de sus mayores retos personales, pero sabe que superar obstáculos, como cuando era niña, abre camino para muchas otras compañeras. “Es importante que las mujeres tomemos todos los espacios públicos para que se escuchen nuestras propuestas y nuestros derechos avancen realmente”.

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