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Moon Sharma, avanza para que las niñas y mujeres tengan acceso a la educación

La suerte de poder estudiar.

Es presidenta de la cooperativa de comercio justo Tara, cuyos beneficios se destinan a programas de desarrollo que reducen las desigualdades de su país, con formación para mujeres, educación para niños y concienciación contra el trabajo infantil y la violencia doméstica.

Moon Sharma

Cuando Moon Sharma nació, su abuela lloró de pena. Hubiera preferido un nieto, sentimiento común en la India, donde las mujeres se perciben como una carga económica por el pago de la dote. Más tarde, vivió la alegría de la familia al nacer su hermano pequeño. Y a medida que iba creciendo vio cómo sus compañeras eran excluidas de las escuelas, resignadas a trabajar en el ámbito doméstico, forzadas a casarse jóvenes...

Gracias al pensamiento liberal de sus padres, ella tuvo la suerte de ir a la escuela y estudiar una carrera, algo a lo que pocas indias pueden optar. Su actitud rebelde e inconformista fue forjándose desde joven. Ya en el instituto encabezó movimientos de protesta contra la discriminación y la exclusiónn social. Con 20 años, sintió la presión para casarse pero ella se negó. Quería ser independiente y viajar. Sin embargo, su recorrido académico no fue un camino de rosas, ya que sufría discriminaciones a diario por ser mujer y por no ser musulmana.

Por todo eso, el acceso a la educación es una de sus grandes batallas. También influyó su padre, un profesor humilde que, en sus ratos libres, visitaba los suburbios más pobres para ayudar a la gente a salir adelante con lo poco que tenían. Ella y su hermana lo acompañaban y daban clases de alfabetización a mujeres y niños. A raíz del trabajo realizado en estos barrios, su padre fundó Tara Projects, una cooperativa que elabora artesanía de comercio justo y que hoy Moon preside con devoción. Con los ingresos generados, impulsa programas de desarrollo que contribuyen a reducir las enormes desigualdades de su país: organiza cursos de formación para que las mujeres consigan un trabajo que les permita tener un sueldo y dar educación a sus hijos; hace campañas de concienciación contra el trabajo infantil; ha creado escuelas en los suburbios y organiza talleres contra la violencia doméstica.

Su vida es una lucha constante. Al frente de la cooperativa que preside, trabaja para aportar cambios positivos en la vida de las personas de su país. Es su forma de demostrar que se puede nacer niña en la India, mantenerse soltera y salir adelante con dignidad.

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La labor de 12 meses

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