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Niyotara Fainés, avanza para mejorar su comunidad mediante el emprendimiento

Quiere contar a otras mujeres que el cambio es posible.

Empresaria y referente para su comunidad. Tras un periodo como refugiada, consiguió levantarse económicamente.

Niyotara Fainés

La guerra, como un lobo, merodeaba cerca, y Niyotara sabía que era cuestión de tiempo que los encontrara, como había hecho con sus hermanos y hermanas, a los que no volvería a ver. Había que tomar una decisión y rápido, cuanto antes. En su hogar, en la colina de Muyange, en Burundi, lo abandonaron todo. Fueron dos días de marcha, un camino largo y peligroso durante el que oyeron los tiros de cerca. Niyotara y su familia tuvieron suerte, podrían pasar los siguientes años en un campo de refugiados en Tanzania.

Cambiar siempre es difícil, y a veces los cambios no se eligen. Niyotara, sin duda, no eligió ser refugiada. No eligió vivir en un campo en el que las mujeres no pueden ir solas a ningún sitio por miedo a ser violadas, ni eligió tener que esperar hasta 2004 para emprender el camino a casa por culpa de una larguísima guerra civil (1993-2005). Pero sí eligió volver y ese fue el punto de partida para todo lo que vino después.

Cuando regresaron sólo encontraron los restos de las paredes de ladrillo de su casa. Otra vez empezar de cero. Poco a poco recuperaron parte de la vida que llevaban antes de la guerra. Pero la tierra se había vuelto infértil por la erosión y los incendios. Un día, llegaron unos técnicos agrónomos de Oxfam y les propusieron mejorar la productividad de sus parcelas. Era una buena oportunidad, un cambio, opcional esta vez. Y Niyotara dijo sí, aunque estos cambios no impuestos suelen ser los más difíciles. Pronto destacó por su implicación y desde la organización le obsequiaron con una vaca.

Ahora, mira a su alrededor y observa orgullosa todo lo que ha conseguido. La primera vaca les proporcionó diversas crías, con las que pueden vender leche y fertilizar sus tierras. Su primogénita ha empezado la universidad y eso la llena de satisfacción porque nunca imaginó que podría costearse los estudios superiores de sus hijos. Además, colabora con la escuela del pueblo para garantizar un buen servicio de comedor, ayuda a resolver conflictos de tierras y familiares, e impulsa proyectos, como la construcción de un pozo de agua potable, que son beneficiosos para toda la comunidad. Para sí también sueña, no ha dejado de formarse y quiere conseguir una moto para poder desplazarse y contar a otras mujeres que el cambio es posible. Ahora sí.

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La labor de 12 meses

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