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Entrevista a voluntarias de la Fundación Aladina

Voluntaria de la F. Aladina: "Cuando ves cómo sonríen cuando te ven, te motivan para seguir viniendo semana tras semana"

Todas las semanas pasan tiempo en la planta de oncología pediátrica del Hospital Niño Jesús.

María Sánchez y Esther Arias son voluntarias en la Fundación Aladina. Colaboran de forma altruista, dedicando su tiempo a los niños con cáncer que están ingresados en la planta de oncología del Hospital Niño Jesús de Madrid mientras estos reciben su tratamiento o están a la espera de un trasplante de médula para tratar su leucemia, para hacer más agradable su estancia. Las dos son enfermeras. Esther lleva más de un año desempeñando esta labor y María Sánchez llegó hace un par de meses. Desde 12 meses hemos estado con ellas.

Aladina

¿En qué consiste vuestra labor de voluntariado en la Fundación Aladina?

Nuestra función es, básicamente, apartar a los niños de la sensación de aislamiento que viven al estar ingresados entre las cuatro paredes de su habitación del hospital. Les traemos a la sala de juegos, estamos con ellos y realizamos diferentes actividades, de manera individual o por grupos. Hacemos talleres de maquillaje, pintamos camisetas, hacemos figuras con pasta fimo, jugamos a videojuegos, ponemos películas... Pero lo principal es alejarles de su aislamiento y dejar que los padres salgan de las habitaciones y dediquen su tarde libre a pasear o a hacer lo que quieran.

¿Qué os animó a convertiros en voluntarias?

(Esther) Yo llevo desde los 16 años haciendo voluntariado, y desde que empecé a estudiar enfermería me percaté de que había ámbitos de los pacientes que no llegas a abarcar en tu turno de trabajo, y por eso me metí en esto, porque tenía muchas ganas de conocer el voluntariado en el ámbito hospitalario. Elegí la Fundación Aladina porque trabaja con pacientes pediátricos oncológicos, que es un campo bastante complicado, pero muy gratificante.

(María) Yo lo tenía muy claro. Desde que empecé a estudiar enfermería, todos mis rotatorios han sido por oncología. Cuando terminé la carrera tuve más tiempo y comencé a colaborar con ellos.

¿Cuántas horas semanales ejercéis el voluntariado?

Hacemos un día a la semana y empezamos a las 16.30 ó las 17, y terminamos a las 20 horas. Primero hacemos una ronda por las habitaciones, les decimos que si necesitan algo y cuando ya hemos pasado por todas venimos a la sala de juegos y repartimos actividades. Hay veces en las que algunos pacientes no pueden salir de su habitación por debilidad o malestar.

¿Qué os aporta a vosotras a nivel personal?

(Esther) Para mí es algo difícil de explicar. Me ha enseñado muchas cosas. Antes tenía la vida muy cuadriculada y ahora pienso en que no me tengo que preocupar tanto porque tengo muchísimas cosas que valorar. Todos tenemos nuestros problemas, pero si conociésemos estos relativizaríamos mucho más. Aquí te preocupas de vivir, porque cuando llegas todo está mal, pero dentro de eso también está bien. Hay mucho optimismo y buen rollo y eso es muy importante para los niños.

(María) Cuando llegas aquí, pasas por las habitaciones y ves cómo les cambia totalmente la cara, te dedican una sonrisa que te llena y te cargas de la motivación que te empuja a seguir viniendo aquí semana tras semana. Muchas veces, la gente me pregunta que por qué no nos pagan nada, y yo les contesto que esto se hace por voluntad propia y que lo que recibo es mucho más valioso que un sueldo. Es muy gratificante, te aporta una sensación muy especial.

Aladina

¿Pensáis seguir de voluntarias mucho más tiempo?

(Esther) Yo llevo un montón de años haciendo voluntariado, y seguiré. Lo digo con un 'SÍ' rotundo. Y si puedo, me gustaría seguir en el ámbito hospitalario, con estos niños que son un amor.

¿Qué es lo que más destacaríais de la Fundación Aladina? ¿Qué la hace tan especial?

El espacio creado por la Fundación Aladina, el ambiente de optimismo que desprende, su labor y, sobre todo, para los niños, el Centro Maktub. Es un espacio que les aísla totalmente pero que desprende una sensación de bienestar, no de encierro. Se olvidan de que están limitados a cuatro paredes con sus cuatro esquinas -además, todas sus esquinas están redondeadas- y esto les influye psicológicamente. Pueden regular las luces, cambiarlas según su estado de ánimo (esto se conoce como 'cromoterapia'). Abordan su situación con una actitud diferente, mucho más positiva.

Hay que estar aquí para entender lo que significa compartir tu tiempo con ellos, cómo en una situación como ésta podemos contagiarles y nos contagian la cara de ilusión, las emociones. Hay días en los que llegas dispuesto a intentar a animar a algún niño y lo encuentras de mal humor por la quimioterapia, o porque tiene un mal día, y también lo tienes que entender, porque no es una situación agradable. Pero, a pesar de eso, nos enseñan que se puede afrontar esta situación con una sonrisa y mucha fuerza.

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La labor de 12 meses

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