Una razón es suficiente para despertar al valiente que llevas dentro

UNA RAZÓN ES SUFICIENTE PARA DESPERTAR AL VALIENTE

Entró mientras me encargaba de cuidar la clase en ausencia de mi profesora. Todos nos quedamos mirándolo. Especialmente yo, claro, que llevaba enamorada de él desde que tenía noción de ser. Me ruboricé cuando me preguntó por la “señorita Teresa” y una de mis compañeras lo notó. “¡A Cristina le gustas!”, le gritó. Mi estómago se encogió. No podía creer que mi secreto estuviera sonando en alto, expandiéndose a todos los rincones de esa clase repleta de niños y niñas que sonreían burlones. Creo que dejé de respirar. Él no dudó ni un momento y contestó rápido, contundente. Puso esa media sonrisa suya y sentenció. “Pues a mí ella no me gusta… Cristina está gorda”.

Hubo un pequeño silencio mientras todo el mundo cogía aire al mismo tiempo, impresionados con su contestación tan cruel y dura. Todos me miraron de golpe, intentando medir las consecuencias de sus palabras en mi cara. Después, las carcajadas me atravesaron como puñales. No hubo nadie que le contestara ni le dijera lo grosero que había sido. Tampoco nadie frenó las risas ni las burlas que llegaron después. Fui, durante mucho tiempo, “la gorda” de clase. Estaba redondita, siempre lo he estado, pero me hacían sentir que era un monstruo. Por suerte o quizá porque encontraron a otra persona de la que reírse, dejaron de llamarme así. Crecí, me estilicé y me convertí en una más. De hecho, crecí mucho y me desarrollé pronto, así que al poco tiempo volví a ser el centro de atención aunque en otro sentido. Los mayores del colegio reclamaban mi atención, me tocaban “de broma”, intentaban besarme y fanfarroneaban entre ellos inventándose que lo habían conseguido. Era totalmente agotador tener que quitármelos de encima y soportar sus insultos cuando los rechazaba. Pero me resignaba porque era algo con lo que creí que tenía que convivir. Entonces costaba entender que eran ellos los que debían avergonzarse de su comportamiento y no yo. Nunca me planteé que los profesores, los demás compañeros, los medios de comunicación y la sociedad en general, podrían haberme ayudado llamando la atención sobre esos comportamientos y rechazándolos radicalmente.

La serie “Por 13 razones”, tan de moda y polémica, ha hecho que recuerde muchos de esos pasajes de mi vida. Incluso me ha abierto los ojos sobre cosas que me sucedieron y que en mi memoria no guardaba bajo la etiqueta de "acoso" y que ahora, vistas con perspectiva, sí creo que lo fueron. Es muy interesante el enfoque de esta ficción, aunque soy prudente al recomendarla porque comprendo que puede no ser adecuada para alguien que está pasando un mal momento o que quizá se identifique demasiado con su protagonista. Eso sí, invita a reflexionar a todos aquellos que son testigos y cómplices del bullying sin “saberlo” a que actúen y no aparten su mirada.

Supongo que no soy la única que se siente culpable cuando analiza su paso por la adolescencia. Y es que ha habido muchas situaciones en las que podría haber hecho más por los que sufrían acoso y no lo hice. Por eso creo que es muy importante que todo el mundo sepa que lo admirable, lo correcto, lo necesario y lo valiente, es salir a defender al que está sufriendo. Que es fundamental señalar al acosador y descubrirlo ante todos, e incluso ante sí mismo.

La adolescencia es una etapa dura. No creo que haya nadie a esa edad que se sienta bien consigo mismo y probablemente, los que se dedican a torturar a los demás, son los que andan más perdidos. Destapar el engaño es fundamental para ayudar a las víctimas del acoso escolar y también para que los que lo ejecutan solucionen sus problemas sin recurrir a atacar a los demás.

Si pudiera viajar en el tiempo y meterme en la piel de mi yo adolescente con la experiencia que tengo ahora, cambiaría muchas cosas. Pero no sirve de nada lamentarse, lo importante es ver qué puedo aportar, cómo puedo ayudar, qué puedo hacer ahora. Por ejemplo, adquirir un compromiso conmigo misma siendo responsable cada vez que hablo en los medios de comunicación, cada vez que escribo o cuando comparto alguna impresión sobre cualquier aspecto en cualquier ámbito de mi vida. Intentando hablar con propiedad, coherencia y escogiendo el enfoque adecuado, dándole el tratamiento correcto a todo lo que quiero transmitir. Así puedo ayudar, así podremos ayudar todos.

Porque al otro lado, puede haber un oyente, un lector o un espectador que necesite escucharnos decir lo correcto,  porque podemos cambiar las cosas despertando a un VALIENTE más, capaz de ayudar a alguien que lo necesita.

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