Mónica Naranjo: "Dalí hasta me guiñó un ojo"

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Mónica Naranjo muestra su faceta más sensible en el programa Pequeños gigantes, donde ejerce de jurado junto a Florentino Fernández y Marbelys Zamora. La cantante regresa a televisión tras pasar tres años en el tribunal de Tu cara me suena (Antena 3). Además de su labor en el talent de Telecinco (los lunes, en prime time), Naranjo remata su nuevo disco, Lubna, el mar esconde un secreto, que está a punto de lanzar después de siete años en los que se ha dedicado "a vivir". Su familia es ahora lo más importante; su marido desde hace más de diez años, Óscar Tarruella, y el hijo del ex mosso d'esquadra, Aitor, que la cantante adoptó, son el mayor apoyo de la cantante, que confiesa estar en uno de sus mejores momentos.
¿Cómo se ve en Pequeños gigantes?
Trabajar con niños es un mundo aparte. La primera experiencia que tuve con niños fue en Tu cara me suena mini; es un concepto totalmente distinto, pero la inocencia, la espontaneidad y la veracidad que te da un niño no te lo da un adulto. En un talent show como Pequeños gigantes las emociones están a flor de piel. En el primer programa las coreografías las montan ellos, y te preguntas cómo han podido hacerlo. Ese talento, la agilidad mental de niños con cuatro, cinco o seis años... Si yo cuando era pequeña era un pato. Y en relación a la música es lo mismo. Los mayores no tienen esa disciplina, todos están hablando por teléfono horas, y si cantas no haces eso. A un niño le dices que no hable y no lo hace. Cuánto tenemos que aprender y que recuperar de lo aprendido....
Llegó un poco como Cruella de Vil y los niños le han quitado la máscara.
Flo y Marbelys me pintan así siempre, pero ha sido una de las grandes bromas que hemos hecho en petit comité. Pero con los niños uno se quiebra. Vienen con tantas ganas de transmitir y compartir cosas con el mundo... pero hay que exigirles.
¿Cuándo empezó a despuntar de pequeña?
Todos mis recuerdos de la infancia están vinculados con la música, no tengo ninguno que no lo esté. La música es mi segunda piel. Cantaba continuamente en casa.
¿Pero tenía algún familiar que cantara?
No, por eso es extraño.
¿Es verdad que de pequeña conoció a Dalí?
Sí, Figueras (Gerona) era un pueblo, él vivía allí y era muy habitual que la gente lo tratara. Era una persona maravillosa. Era íntimo amigo de unos amigos.
¿Le dio algún consejo?
Con 14 ó 15 años lo que tienes es mucho respeto. Era un señor que hablaba tanto y mezclaba tantos caminos e idiomas que al final te quedabas con lo más importante. "Déjate guiar por la pasión como yo me dejé guiar toda mi vida", me dijo. El resto no llegué a entenderlo. Era una persona que solo con su presencia te sorprendía.
¿Llegó a decirle que quería ser artista?
Yo no, mi madre. De mí pasó hasta que lo supo, nunca me hizo caso. Cuando iba a casa de estos amigos de mi madre solo era una niña, pero cuando supo que quería ser artista se abrió un canal de comunicación, hasta me guiñó un ojo.
¿Le llegó a cantar?
No, yo era muy vergonzosa, me montaba mis conciertos a solas en el salón de mi casa.
Dice que se deja guiar por la pasión. ¿De ahí este cambio de Tu cara me suena a Pequeños gigantes?
Sí, también porque sentía que necesitaba algo más. Con la música siempre he tratado de evolucionar, investigar. Yo era muy reacia a trabajar en televisión. Cuando me lo propusieron no quería, porque sentía que no le iba a aportar nada a la televisión. Yo me dedico a hacer música. Pero tras una sabia reflexión cambie de opinión. Tuve que olvidarme de que era un personaje. La gente era lo que pensaba, que Mónica Naranjo era un personaje que sufría mucho, que lloraba... pero todo lo contrario, yo se reírme mucho.
Jesús Vázquez se marcó como reto mostrar cómo era usted por dentro.
Jesús es muy malo (ríe), nos conocemos desde hace una vida, me conoce muy bien y Flo también. Son cosas que a la gente se le escapan pero es normal, forma parte del encanto del negocio.
Estando en un programa de niños, ¿no le dan ganas de tener otro hijo?
No tentemos a la suerte, que ahora estoy muy tranquila. La verdad es que sí me dan ganas.
Se plantó muy pronto.
Es que tengo una vida muy intensa. Ahora soy la tía. He pasado de ser mamá a ser la tía preferida de todos. Seguimos teniendo pequeños de casa, porque ahora es cuando mis amigas tienen hijos.
¿Es algo que descarta?
No hay que descartar nunca nada, porque imagínate que digo que viene y qué voy a hacer, disfrutarlo. Pero tener hijos significa dedicar tiempo, no puedes llevar un ritmo de vida como el que llevo ahora, mi niño ahora es grande.
¿Cómo está llevando que se haga mayor?
Fatal, además tiene novia, vive fuera con ella... Son muy graciosos. Aitor trabaja, estudia y tiene su vida, ya es un hombre, es ley de vida, un día los tienes y otro se van. Yo me fui muy joven de casa. Pero nunca hay que decir que no, no sabes por dónde te van a abrir una puerta, así que si tuviera otro niño, sería una felicidad.
¿Es buena suegra?
Sí, supongo.
¿Cuando empieza con la gira?
Ya está todo preparado, está a punto de lanzarse pero ha costado mucho porque cuando abres los canales y ves tantas pistas y a todo eso tienes que darle una continuidad... Hemos estado mucho tiempo. Ha sido un proyecto muy bonito pero muy duro. Han pasado siete años desde Tarántula y hay muchos nervios, aunque estoy tranquila con el resultado.
¿Después de tantos años de trabajo no tiene miedo a la reacción del público?
No, imagina qué vida tan vacía debería tener si sólo me importara eso. Yo hago y comparto trabajos pero en primer lugar me tiene que gustar a mí. Creo que no es sano estar toda la vida pendiente de un trabajo como éste porque no eres feliz, lo eres cuando lo que haces está bien hecho y después te vas a otra cosa.
¿Su punto de inflexión fue cuando sacó un disco en inglés?
Sí, de hecho yo no canto en inglés, fue una mierda de disco, pero era lo que querían. Y después de ese disco desaparecí y me dediqué a vivir. Yo quería regresar pero a mi manera.
¿Va a seguir después de Lubna?
No lo sé, yo voy a mi ritmo, conforme sople el viento, si tienes exclusividad con algo o alguien dejas de ser libre, y yo soy libre y decido cómo, cuándo y qué me apetece.
¿Y a presentar volvería?
Sí.