El aventurero de Discovery Channel se ‘rajó’ antes de que le comiera la anaconda

.

Al final se rajó. Paul Rosolie pretendía que le comiera una anaconda, con el objetivo confesado de llamar la atención sobre la crisis ecológica que actualmente amenaza a la Amazonía Occidental por los estragos de la minería, la tala ilegal y la rápida deforestación.
Para ello, anunció que se prestaba a ser comido vivo –Eaten alive es el título del programa que Discovery Channel emitió el pasado domingo con un resumen de la aventura- por una gigantesca serpiente.
Su primer objetivo era una anaconda de 7,4 metros, una conocida suya de hace años. Saltó sobre su lomo pero el agua le arrastró y la perdió de vista.
Así que lo intentó con una más manejable. Rosolie embadurnó un traje especial –confeccionado con fibra de carbono para protegerle de los apretones y de los ácidos digestivos del bicho- con sangre de cerdo. "Así realmente huele a cena para este animal", dijo. La serpiente no tardó en acercarse y enrollarse alrededor del aventurero, bloqueando sus movimientos.
Segundos después, Rosolie avisa de que no siente los brazos, mientras que su ritmo cardiaco sube a 180 pulsaciones.
"Es muy pesada, estoy tratando de moverme pero no puedo, me ha rodeado totalmente. Mis manos están bien. Me sujeta. Estoy tratando de levantarme pero no puedo. Sabe que no puedo hacer nada más, estoy tratando de liberarme. Siento cada músculo de su cuerpo mientras respira. Estoy tratando de mover los brazos y las piernas... Es increíblemente pesada y saca provecho de eso. Tengo problemas para respirar y puedo morirme", se queja.
Cuando la anaconda abre la mandíbula sobre el casco de Rosolie, éste advierte de que siente que su brazo está a punto de romperse. Su equipo acude rápidamente y lo rescata. Fin del experimento.
El explorador no se rinde. Asegura que continuará con el proyecto y que la próxima vez lo hará con la anaconda original.
No faltaron espectadores que se quejaron en las redes sociales del fracaso del herpetólogo de Discovery Channel.