Concha G. Campoy: "Desde mi recuperación, celebró la vida a diario junto a mi familia"

La periodista ha querido compartir su experiencia en 'El Programa de Ana Rosa' con motivo de la presentación de un nuevo proyecto teatral con el que colabora. Ha aprovechado para transmitir su habitual optimismo y narrar la fuerza y las ganas de vivir con las que superó su tratamiento para luchar contra la leucemia. Con muchas ganas de volver al trabajo, Concha ha asegurado que celebra a diario con su familia su recuperación y se encuentra muy bien.

Concha García Campoy está feliz y recuperada de su leucemia. Tras un tratamiento de 10 meses, la periodista ha reaparecido en 'El Programa de Ana Rosa' para presentar 'El último jinete', un proyecto teatral con el que se ha involucrado y que le ha ayudado a seguir activa durante su recuperación.

Feliz de volver a reunirse con sus compañeros, ha agradecido el apoyo recibido durante este tiempo: “No sabéis lo contenta que estoy, las ganas que tenía de estar en vivo y directo con vosotros. Todo el cariño que me habéis dado este tiempo ha sido maravilloso”. Concha se encuentra muy bien, tras superar el duro tratamiento y el trasplante de médula al que se sometió en junio, se encuentra cada vez más fuerte. “Hay que ser positivos, hay que pelear, nunca se sabe lo que puede a pasar en cualquier momento y hay que aferrarse a la vida, a los proyectos”.

Sin embargo, cuando conoció la noticia de que estaba enferma decidió apartarse de la vida pública. “Realmente, al principio, uno no tiene ganas de nada. Luego pensé que necesitaba tiempo para estar conmigo misma, para pelear con la enfermedad, no tener presión del exterior, aunque nunca he querido ocultar lo que me pasaba. No he querido contar la enfermedad minuto a minuto, con mis esperanzas y desesperanzas. Eso ha venido después, cuando estaba dispuesta a dar la cara para dar el mensaje que quería dar, de alegría, positivismo”.

Afrontó los meses de tratamiento con mucha actividad, empleando el tiempo todo lo que siempre le había apetecido hacer pero para lo que nunca encontraba un hueco. Durante su estancia en el hospital se levantaba temprano, hacía un poco de ejercicio, el que sus fuerzas le permitían, ha hecho un curso de inglés, ha visto series, ha escrito, ocupando todas las horas. Esto le ha ayudado a mantener la cabeza en su sitio, por eso, su consejo para aquellos que se puedan encontrar en una situación similar es que tengan ilusión y se rodeen del afecto de su familia, sus hijos, y sus amigos, que a ella le dieron la sensación de que estaba en la tierra, más fuerte, más querida. “Hay que creer en la vida, en la posibilidades de salir adelante y en nuestros médicos. Yo me quiero acordar de los míos y de la sanidad pública, que no se puede recortar”.

Tras el primer impacto de conocer el diagnóstico pensó en sus hijos, en que no se podían quedar solos y tenía que salir adelante. “Hay que pensar que el tiempo de la enfermedad es un tiempo vivido y son muchas las sensaciones también positivas que surgen por el camino. No es bueno estar enfermo, pero si lo estás, realmente se puede sacar un rédito emocional y personal muy importante”.

En junio se sometió con éxito a un autotrasplante de médula, y desde entonces celebra la vida a diario con su familia. “No me he dado más abrazos en mi vida”.

Preparando el regreso

Tengo muchas ganas de volver, le he dicho a Paolo Vasile que estoy preparada para empezar a preparar. Algo relacionado con la información, aunque no hay ningún proyecto definido. Me gustaría regresar en enero”, ha reconocido Concha.

Aunque ha confesado que cuando vuelva a la vorágine lo hará con algunos cambios con respecto a su etapa anterior. “Me he impuesto no levantarme a las 3 de la mañana, madrugar mucho es muy malo y muy duro para mí, pero me siento con capacidad de trabajar al mismo nivel que antes”.

Para Concha volver al trabajo es un estímulo muy grande porque disfruta con su trabajo. Además, ahora sabe que hay que aprender a decir que no, a no perder el tiempo, a ser sincera con sus afectos y cumplir todo esto porque no hay ni un minuto que perder y cada día tiene un valor tremendo.