Telecinco reúne en ‘La noche de Patria’ a tres víctimas de ETA y GAL con un terrorista arrepentido tras el estreno en abierto del primer capítulo de la serie ‘Patria’

  • Con sus testimonios, junto al de otras víctimas del terrorismo de ETA, el documental aborda desde distintos puntos de vista la violencia terrorista sufrida en la sociedad vasca hasta la disolución de la banda y la situación actual de presos, víctimas y sociedad civil

  • El documental será emitido después de la emisión exclusiva en abierto del primer episodio de ‘Patria’, la serie creada para HBO por Alea Media, productora participada por Mediterráneo Mediaset España Group

‘Creí que era una valentía matar a un hombre por unos ideales, pero me di cuenta de que lo único que hice fue matar a un hombre”. Así arranca el testimonio de Jon Aldalur, miembro de ETA político-militar desde 1975 a 1977. Con apenas 18 años participó en el secuestro y asesinato del empresario Ángel Berazadi, por el que fue condenado. 14 meses después salió de prisión por la Ley de Amnistía, y años después, escribió unas cartas a la familia de Berazadi junto con otro de los miembros del comando que participaron en el asesinato, regresó a su pueblo y rehízo su vida. “Éramos muy jóvenes, creíamos que estábamos a punto de conseguir un bien superior y no fuimos capaces de sentir compasión”.

Se sienta en un caserío donostiarra alrededor de una mesa junto a tres familiares de asesinados por ETA y el GAL en el documental de Mandarina Producciones ‘La noche de Patria’ que Telecinco ofrecerá mañana en late night, tras la emisión del primer episodio en abierto de la serie creada para HBO por Aitor Gabilondo, de Alea Media, productora participada por Mediterráneo Mediaset España Group.

Se sientan con él a la mesa Maider García, la hija de Juan Carlos García Goena, último abatido por los Grupos Antiterroristas de Liberación; Josu Elespe, hijo de Froilán Elespe, teniente de alcalde del PSOE asesinado por ETA de un tiro en la nuca en 2001 y Naiara Zamarreño, hija del concejal del PP Manuel Zamarreño, muerto en atentado en 1998 a su paso junto a una moto bomba.

Los atentados

Naiara Zamarreño relata cómo, siendo una adolescente, conocía el asesinato de su padre en Rentería: “Oí la explosión desde mi casa. Bajé convencida de que era mi padre, pero me impidieron el paso y decidí volver. 15 minutos más tarde, leí en el teletexto: ‘Manuel Zamarreño, muerto en atentado’.

También echa la vista atrás para recordar cómo los amigos desaparecieron en el momento en que comenzaron las amenazas y las pintadas en el portal, cómo le jaleaban en el instituto ‘Gora ETA’ y cómo vivió con el miedo y el rechazo en Rentería, donde decidió quedarse tras la marcha de su madre y hermanos mayores. 

Para Josu Elespe, hijo del primer concejal socialista asesinado por ETA, la narración de los hechos y el convencimiento de que aquel atentado en Lasarte le iba a cambiar la vida, es similar: “Me convertí en un amargado absoluto. Tras el asesinato de mi padre tuve una vida marcada por el odio, el rencor y la tristeza. Después, los años te van moderando y te obligas a ti mismo a ser feliz”.

“Yo tenía 5 años cuando asesinaron a mi padre", explica Maider García, hija del último asesinado por los GAL. “Mi padre no tenía nada que ver con ETA, él era objetor de conciencia, rechazaba las armas”.  Recuerda especialmente el dolor de su madre, reclamando “que no se olvide que tenemos derecho a una verdad, tenemos derecho a una justicia, tenemos derecho a un reconocimiento”.

Vivir con miedo

Cargados de dureza están igualmente los testimonios de otros participantes del documental que reflejan la etapa más dura del País Vasco. Jorge Mota es uno de ellos: “Mi hermano se disponía a acomodar a su hijo de 6 meses en el asiento del coche cuando recibió un tiro en la nuca por el mero hecho de ser funcionario de prisiones”. A raíz de su atentado, el sufrimiento no cesó: “Vivir con miedo es lo peor, y cada vez que daba el contacto al coche, cerraba los ojos”

Para Maixabel Lasa, mujer de Juan Mari Jáuregui, exdelegado del Gobierno en el País Vasco asesinado de un tiro en la cabeza en Tolosa, sufría por su hija: “Viví con escolta hasta 2011, y eso es terrible, no es forma de vivir. Pensaba en el miedo de mi hija tras perder a su padre, pensaría que también iban a matar a su madre y se quedaría sola”.

Para el periodista Gorka Landaburu, quien recibió un paquete bomba en su domicilio, “ETA era como una secta, te dicen que hay que salvar la patria. Con 16 años te ponen una pancarta, con 18 un cóctel molotov y con 20 una pistola. (…) Tras el atentado, yo tuve suerte, estaba vivo y le dije a ETA ‘me habéis dejado ciego de un ojo, me habéis llenado de cicatrices todo el cuerpo, pero os habéis equivocado, no me habéis cortado la lengua, soy periodista y nunca me vais a callar”.

“Hay una generación de jóvenes en Euskadi que con 17 o 18 años entraron en ETA y que han destrozado la vida de muchas familias, y la suya también”, explica Sara Buesa, hija del dirigente socialista Fernando Buesa asesinado en 2000.

Desde su arrepentimiento y tras escuchar las reflexiones de sus compañeros de tertulia, Aldalur reflexiona: “lo milagroso es que nadie se haya tomado la justicia por su mano (…), y eso nos ha salvado a todos”.

El perdón

“A mi padre le hubiese gustado que tuviéramos un corazón limpio, que tuviéramos ilusiones”, explica la hija de Fernando Buesa ante el debate de reconstruir sus vidas. De igual forma, Josu Elespe relata cómo “he estado con presos de ETA en numerosas situaciones críticas y nunca pidieron perdón, pero el perdón estaba en el ambiente, y eso te sana un montón. Y si eso le sana incluso a él, yo me siento aliviado”. De la misma opinión es Maixabel Lasa cuando narra cómo fue su encuentro con el asesino de su marido: “fui a escuchar a la persona que más daño me ha hecho, pero iba tranquila, no iba a preguntarle nada. Cuando me pidió perdón, yo le dije ‘no te voy a decir si te perdono o no te perdono, pero te voy a dar la oportunidad para que puedas recuperar tu vida. Te deseo lo mejor del mundo’. Y salí sin un peso enorme de encima”.

Víctimas y victimarios, la tregua y el legado para las siguientes generaciones

Todos alrededor de la mesa alzan su voz al unísono para condenar la violencia desde cualquiera de sus objetivos “no puedes responder con la violencia, y el terrorismo de ETA no justifica la existencia de los GAL”, sentencia Elespe.

Para Landaburu, “los GAL fue el mayor error que se puede cometer en una democracia, pero no se sabe nada de ello. Hubo 27 muertos, y tenemos que ser honestos, hubo terrorismo de Estado y violencia policial. No es un argumento contra ETA, que ya no existe, sino de conciencia ética. Las víctimas de los GAL tienen que ser reparadas igual que las víctimas de ETA”.

“El perdón a las víctimas de unos y otros hay que pedirlo ya, no vale que lo haga la siguiente generación, hay que presionar el suelo ético de nuestra sociedad. Hace falta más, y hace falta ya”, argumenta el ex miembro de ETA.

Para Elespe se ha silenciado el conflicto demasiado rápido, desde que ETA comunicó el cese de su actividad armada: “Unos mataron, otros murieron y otros miraron para otro lado. Hemos pasado esta página demasiado rápido porque hay una parte de la sociedad que no estuvo a la altura y ha decidido no mirarse demasiado al espejo”.

Sobre la salida de los presos de ETA de las cárceles, los familiares de las víctimas coinciden en su opinión sobre el recibimiento y los homenajes: “¿Por qué tienen que seguir permitiéndose los homenajes a los etarras que salen de la cárcel? Porque en cierto modo sigue existiendo esa épica de las personas que lucharon por su pueblo, y eso tiene que desaparecer”, señala Buesa. “Nadie haría un Ongi Etorri a un violador en la plaza del pueblo. No entiendo cómo con el terrorismo se permite”, sentencia Maixabel Lasa.

“La violencia no tiene ningún sentido, no ha servido para nada. Se han destruido cientos de familias, tanto víctimas como victimarios. Y eso es lo que tiene que ver la sociedad y las futuras generaciones, que la violencia no tiene que tener cabida. El dialogo, la palabra y el relato pueden ser nuestras armas para evitar que esto vuelva a ocurrir”, opina Naiara Zamarreño. En este mismo sentido se manifiesta Jon Aldalur: “Esto que parece que ya se ha acabado, en realidad nos queda contarlo”.

‘Patria’, una radiografía del País Vasco  

Tras su esperado estreno mundial en HBO, Telecinco ofrecerá mañana a partir de las 22:00 horas la primera de las ocho entregas de la serie producida por Alea Media, una de las productoras participadas del grupo. Con Aitor Gabilondo como creador y showrunner, aborda el conflicto vasco desde el punto de vista de dos familias de un mismo pueblo. A través de la visión de padres e hijos, narra la experiencia vital de cada uno durante varias décadas. 

Protagonizan ‘Patria’ Elena Irureta y Ane Gabarain. Interpretan, respectivamente, a Bittori y Miren. El resto son sus familiares: Txato (José Ramón Soroiz), marido de Bittori, un empresario extorsionado por ETA y sus hijos Xabier (Iñigo Aranbarri) y Nerea (Susana Abaitua), entre otros.

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido, el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver al pueblo donde vivieron toda su vida. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando se dirigía a su empresa de transportes? La presencia de Bittori altera la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo la de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue el asesinato del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político durante más de 30 años.