La leucemia se lleva al periodista Rafael Martínez-Simancas

Rafael Martín Simancasmediaset.es

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El periodista Rafael Martínez-Simancas (Rute, Córdoba 1962) ha fallecido este jueves a los 53 años debido a una leucemia, según han confirmado  fuentes de Vocento.
Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, fue director del periódico gratuito Qué! y colaborador de otras cabeceras del grupo Vocento a través de Colpisa, así como de ABC Madrid. Además, era colaborador de Europa Press, como columnista de OTR/Press. También ha trabajado en la COPE, Onda Cero, la cadena SER y Punto Radio.
Es autor, entre otros, de los libros Doce balas de cañón y El amor patético (Algaida), también del ensayo de humor Estoy en el candelabro y otros nardos en la palabra, Corazón rojo y El tiempo y la memoria, publicados por La Esfera de los Libros.
Tiene una Antena de Oro, otorgada por la Federación Española de Profesionales de Radio y Televisión, y el Premio Mesonero Romanos de Periodismo, otorgado por el Ayuntamiento de Madrid.
Martínez-Simancas era colaborador habitual de Europa Press como columnista de OTR/Press.
Ésta es su última columna, publicada la víspera de su fallecimiento:
Campamento de verano
Hay dos tipos de niños, los que quieren campamento de verano y los que no lo quieren, y un tipo de padre, los que no lo quieren. ¿Y si a mi niño le pica una abeja? Es sencillo, que se rasque, pero ay de perder las comodidades que tiene el niño en casa, nuestro querubín durmiendo fuera de su camita, teniendo pesadillas horribles con titanes, avispas y urdangarines, pues no pasa nada.
El crecimiento madura mucho antes si se deja en "libertad" y a los 12 años Napoleón ya tenía soldados apuntados. ¿Quiere esto decir que Napoleón quería acabar con la República?, no sólo que quería terminar con la música porque los niños tocaban el tambor fatal, peor que un enjambre de avispas desafinadas ejecutando a los enfants de la patrie, ¿hay acaso derecho a eso?
Los nuevos campamentos juveniles vienen con olor a papá y a mamá incorporados y con olor de casa, a chocolatina, lápices recién afilados, a colonia, a su perro favorito, a su tortilla favorita, a su televisión favorita y a su equipo de fútbol favorito. Así que el niño es más que favorito.
Luego, los padres somos un poco exagerados a la hora de evaluar un campamento. Ya sólo le pedimos que tengan la colonia favorita del niño y así no nació ni el Zorro, ni Napoleón ni Mozart que, naturalmente, tenían piojos. Montoro, qué disgusto, que estos no se van de casa ni con agua caliente, ni se van a ir y nunca cotizarán como autónomos.
El Plan Querubín es una gran idea con tal de que haya querubines, pero los niños hasta que no se hacen independientes son unos auténticos lechuguinos dependientes. Menos mal que todavía hay quien se juega su prestigio a que su niño pueda atravesar el desierto de la independencia y salir vivo de la experiencia.
Olé esos padres valientes, olé esos niños arrojados y sobre todo, esos monitores que se ocupan de los niños cuando entran en barrena y se ponen a llorar. Da igual, son unos valientes, aunque el campamento lo hayan puesto en la salita de casa, corajudos que son ellos.