Un pacto con estafadores, chantajistas, piratas y malos gestores

De izquierda a derecha, Tatxo Benet, Juan Luis Cebrián y José Miguel Contreras.mediaset.es

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Estafadores. Piratas. Chantajistas. Pésimos gestores. Eso pensaba -o al menos decía- Prisa de Mediapro, y viceversa, hasta que la semana pasada firmaron el alto el fuego en la guerra del fútbol Sólo coincidían en un extremo: el amigo y beneficiado por el Gobierno siempre era el contrario.  Al final, los primeros han salvado a la productora catalana, que tiene comprometidos más de 2.000 millones con los clubes, acudiendo a la subasta de los derechos del fútbol de pago. 
La fotografía que daba testimonio del armisticio intenta enterrar un cruce salvaje de descalificaciones que, especialmente en el último año, se han regalado ambas partes. Eso sí, los pleitos correspondientes siguen su curso en los tribunales, pese a que las dos compañías intentarán "resolver sus contenciosos amistosamente".
Al mismo tiempo, Roures porque no se podían esperar soluciones "del BOE ni de mágicos inversores". pedía a los editores de El País "bajar del pedestal y aterrizar en el mundo real" para salir del "túnel" -una deuda superior a los 5.000 millones de euros-,
De la deriva de la guerra del fútbol, la compañía presidida por Ignacio Polanco hacía cooperadores necesarios a los clubes,  a los que llegó a exigir que cerraran las puertas de los estadios a las cámaras de Mediapro si no querían colaborar "en una presunta estafa y en una clarísima desobediencia de la autoridad judicial".
Sólo en cobros pendientes, Sogecable tasó el daño causado a su compañía en unos 400 millones.
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