Un pícaro estafador llegado de Argentina

Leonardo Sbaraglia es el protagonista de 'Impostores'.mediaset.es

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Leonardo Sbaraglia se ha desquitado. Tuvo que rechazar Nueve reinas porque se venía a España a probar fortuna, pero una década después protagoniza En Impostores, Sbaraglia (Buenos Aires, 1970) encabeza una banda de pícaros estafadores dirigidos desde una celda vip por Federico Luppi, su padre en la ficción. Una historia de engaños con mucha caradura y humor y bastante ternura. Sbaraglia pasó por Madrid para hablar sobre este proyecto. Impostores, la serie argentina basada en la película de Fabián Bielinsky que estrena Fox Crime (desde el 24 de mayo a las 21.30).
Con esta serie, el actor ha dado rienda suelta a su faceta más "cómica", porque los miembros de la banda, siempre tras la estafa perfecta, cambian continuamente de registro y apariencia, lo que le ha permitido "jugar" y tomarse "licencias" que sus habituales papeles dramáticos no le permiten.
Impostores plantea en cada episodio una estafa diferente, siempre articulada de la mano del viejo seductor El Pardo (Federico Luppi), que guía en las tramas a su reflexivo hijo Alex (Sbaraglia) y a la bella e intuitiva Vicky (Leticia Brédice, que ya participó en Nueve Reinas), que mantienen ese punto de tensión sexual no resuelta.
¿Y cómo es Alex? "Es un hombre que quiere ganar dinero a través de la estafa, de la palabra. Su principal habilidad es que sabe camuflarse muy bien, convertirse en otro", apunta Sbaraglia. "Es un oficinista gris y apático", atrapado por deudas de juego, "que desarrolla  toda esa capacidad de actuación que luego no tiene en la vida porque es muy inseguro". Y con el jefe de la banda, su padre, "no se entiende, le tiene miedo".
Tampoco serviría para ese trabajo el propio Sbaraglia: "Soy muy malo mintiendo, se me nota", asegura
¿Es que un actor y un estafador no son distintas facetas del Impostor?  "El objeto del actor es ponerle el espejo al espectador, y el objetivo del estafador no es artístico; es ganar dinero, ésa es la diferencia. Uno, cuando actúa, está persiguiendo crear un personaje dentro de una historia concreta. Es cierto que el estafador tiene mucho de actuación porque tiene que fingir, engañar para conseguir su fin, mientras que el actor que quiere esta profesión tiene mucho amor por lo que hace, disfruta con ello. El estafador me imagino que también pero tiene otros objetivos".