La verdad de la 'llamada', en 'Quiero ser monja'

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Hay veces en que una llamada lo cambia todo. Puede ser la de una persona que queremos y con la que sentimos que tenemos que comprometernos para compartir nuestro futuro, la de una forma de vida que nos atrae poderosamente o la de una fuerza interior que nos invita a vivir plenamente una vocación religiosa. Cuando se recibe esa llamada, hay dos opciones: desoírla o atreverse a dar los primeros pasos que marcan ese nuevo camino.
Cinco jóvenes que han sentido la llamada religiosa han querido aventurarse en un viaje hacia su interior para descubrir la fuerza y el alcance de sus sentimientos, de su fe y de su espiritualidad. Juleysi, Paloma, Janet, Jaqui y María Fernanda han querido experimentar de manera excepcional y única las condiciones de la vida religiosa compartiendo durante seis semanas los valores, los momentos de oración y servicio y el día a día de tres congregaciones que las guiarán en los inicios de la que puede ser una de las experiencias más apasionante de sus vidas.
Estas cinco chicas son las protagonistas de Quiero ser monja, formato que Cuatro estrena el domingo 10 de abril (21.30) y que recoge con respeto y rigor las principales vivencias de las jóvenes durante esta clarificadora experiencia; un camino repleto de descubrimientos, anécdotas y, sobre todo, emoción.
En Quiero ser monja, adaptación del formato The sisterhood: becoming nuns que la cadena produce en colaboración con Warner Bros ITVP España, los espectadores serán testigos de la evolución de las jóvenes, que se integrarán y convivirán con diferentes comunidades religiosas de Madrid, Alicante y Granada, adaptándose a sus normas y sus rutinas en diferentes entornos: un convento de clausura, una casa-cuna con más de 100 niños a su cargo o de misiones en el Amazonas.
Alejadas de su entorno, sin móviles, sin objetos superfluos, sin nada que entorpezca su experiencia, las jóvenes, muy diferentes entre sí pero unidas por un fuerte sentimiento espiritual, vivirán una oportunidad única para comprobar si están preparadas para dar el paso e integrarse en la vida religiosa o, por el contrario, desean vivir su fe como seglares.
Juleysi ('Quiero ser monja')
Juleysi, de Madrid, es estudiante de Patronaje y Moda. A sus 20 años, ya sabe lo que es enfrentarse a este dilema. Tras un par de años alejada de la Iglesia, ha recuperado el fervor religioso adolescente que la llevó en su día a plantearse la vida como religiosa. Recibió la llamada en su primera visita a un convento y desde entonces ha querido saber si hay otras chicas en su misma situación. Para ella Dios es su apoyo, el centro de su mundo. Si no está Él, afirma, su mundo se derrumbaría. Pero ahora se enfrenta a una encrucijada: desde hace tres años sale con un chico, Alberto, por el que también alberga un profundo sentimiento. "Dejarlo fue lo que más me costó", cuenta. Juleysi quiere aclarar definitivamente sus dudas y descubrir si su camino le lleva a una vida religiosa o seglar.
Paloma ('Quiero ser monja')
Paloma tiene 21 años, es de Almería y estudia Educación Social. Idealista y alegre: así es Paloma, una joven procedente de una gran familia de 13 hermanos vinculada desde hace muchos años a la Iglesia a través del Camino Neocatecumenal. Desde pequeña ha sentido que Dios le pedía algo más y se sentía especial para él. Tiene claro que Cristo es su mejor amigo y siente su cercanía. Paloma trata de vivir en la pureza y para ella es un orgullo abrazar los votos de castidad y obediencia. Ahora quiere comprobar si su vocación le dirige a su consagración como religiosa o a continuar ligada a la Iglesia como hasta ahora.
Janet ('Quiero ser monja')
Janet y Jaqui tienen 23 y 22 años, son de Barcelona y sus profesiones son administrativa y estudiante de Filosofía, respectivamente. Janet y Jaqui son dos hermanas optimistas, vitales y risueñas para quienes su madre, que les ha proporcionado una educación religiosa, es pura luz y amor. Desde hace un tiempo Janet ha sentido una fuerza que le llamaba a transmitir a los demás muchos valores que hoy se han perdido. Quiere descubrir cómo canalizar su espiritualidad, porque tiene muy claro que quiere ayudar a los demás. De especial sensibilidad con la naturaleza, para ella ser monja es "una forma de ser feliz a contracorriente", por lo quiere explorar esta posibilidad.
Jaqui ('Quiero ser monja')
Su hermana Jaqui comparte con ella el entusiasmo por la vida y la espiritualidad, a la que se ha acercado por caminos tan diversos como el catolicismo, la filosofía, o el mundo de las energías. Cree que vivir esta experiencia junto a su hermana puede aclarar sus dudas y ayudarle a entender lo que Dios le pide.
'Quiero ser monja'
María Fernanda, de Mallorca, tiene 23 años y es auxiliar de enfermería. A María Fernanda le gusta salir de fiesta con sus amigos, pero cree que Dios puede tener una misión para ella y, aunque está convencida de que no todo el mundo la entiende, para ella eso es lo más importante de su vida. Cuando experimentó la llamada sintió que en ese momento Dios le hablaba y cree que entregarse a los demás como lo hacen las religiosas es algo único que tiene vivir. Convertirse en monja es una posibilidad que está considerando y que le infunde un gran respeto, aunque cree que no hay que tener miedo si se está con Dios y eso es lo que Él quiere. María Fernanda desea descubrir si está o no preparada para dedicarse a una vida religiosa.
'Quiero ser monja'
Tres comunidades religiosas han sido las encargadas de guiar a las cinco jóvenes en esta experiencia espiritual. Serán sus compañeras desde todos los ángulos que forman la vida de estas congregaciones: los valores, la oración y el apoyo a los colectivos más desfavorecidos, como los niños, los ancianos y las personas con menos recursos.
La primera toma de contacto de las chicas en su inmersión en la vida religiosa tendrá lugar en Granada, en la casa madre de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, congregación de más de 100 años de antigüedad y cuyo carisma religioso lo viven desde tres ámbitos: la eucaristía como celebración y adoración perpetua, la evangelización y otras tareas pastorales y finalmente la vivencia mariana. Allí efectuarán sus primeras renuncias y darán los primeros pasos de un camino que se les presenta apasionante. Posteriormente se trasladarán a Madrid, al colegio del Santísimo Sacramento, donde compartirán con las hermanas su día a día en el colegio. Con ellas vivirán la extraordinaria experiencia de viajar a una de las misiones en Bolivia.
'Quiero ser monja'
"Llegamos a la conclusión de que el programa era una llamada de Dios para darle a conocer a Él a través de nuestra experiencia en la vida. Sentimos que era el momento, sabemos que hay que arriesgar y exponerse con Jesús", explica la madre Leonor, superiora general de la congregación.
"Las repetidas llamadas del Papa Francisco a 'salir a evangelizar' han sido un empuje muy fuerte, nos han movido a arriesgar, a eliminar miedos y a aprovechar esta oportunidad para entrar en los hogares", afirma por su parte la madre Marián, delegada de formación de la congregación.
'Quiero ser monja'
La congregación de las Hijas de Santa María de Leuca está al frente de una casa-cuna y un centro de educación infantil en El Escorial (Madrid) que atiende a más de 100 niños pequeños en situación problemática. El día a día de las religiosas de esta comunidad se resume en duras jornadas en las que se suceden desde delicadas situaciones con los niños hasta entrañables momentos cargados de emotividad. Allí, las protagonistas de Quiero ser monja se volcarán con los pequeños y descubrirán sus necesidades en todos los momentos del día: las comidas, el baño, los momentos de ocio, los juegos...
"Han sido muchos los motivos que nos han llevado a participar en el programa, pero el más importante ha sido hacer partícipes a las jóvenes de nuestro tiempo de nuestro modo de ser y de vivir, contagiarles la alegría que llevamos por dedicar toda nuestra vida al servicio de la Iglesia y de los demás. También quitar los prejuicios y los estereotipos que tienen algunos jóvenes porque no conocen a fondo nuestra vida y pregonar a los cuatro vientos que vale la pena dejar todo y seguir al amigo que nunca falla", afirma la madre Annacarmen, madre superiora de las Hijas de Santa María de Leuca, sobre la participación de su congregación en el programa.

La vida en el convento de clausura de las Monjas Justinianas Canónigas Regulares de Alicante está dedicada en gran parte a la oración y a la meditación. La renuncia a los elementos del exterior y la estrecha convivencia con el resto de las hermanas son la base de un convento como el de las Justinianas, con más de 500 años de historia. Las chicas vivirán en estrecha convivencia con las hermanas de esta comunidad la disciplina de la vida monástica, distribuida en tiempos de silencio, trabajos, formación, etc... Junto a ellas, las jóvenes trabajarán en el huerto y se convertirán en compañeras de jornadas de bordado y costura.
"Las jóvenes y las vocaciones han sido nuestra razón para participar en Quiero ser monja", explica una de las religiosas del convento. "Cuántas vocaciones se habrán perdido simplemente porque la gente no conoce nuestra vida, la realidad desde dentro", concluye.
En la primera entrega de Quiero ser monja los espectadores conocerán la personalidad, las motivaciones y el entorno más cercano de las cinco chicas. Todas ellas darán a conocer cómo sintieron la llamada y por qué se han decidido a seguirla. Juleysi mostrará la relación que le une a su novio, Alberto, y presentará a alguna de las personas que más le han influido para decidirse a explorar la vida religiosa. Paloma, inmersa en la agitada actividad doméstica de su numerosa familia, rememorará el momento en el que se decidió a poner a prueba su vocación. La espiritualidad desbordante de Janet y Jaqui será la seña de identidad de estas hermanas, que explicarán ante las cámaras cómo se decidieron a dar el paso, mientras que María Fernanda expondrá sus inquietudes y su deseo de vivir la experiencia ante el asombro generalizado de su grupo de amigos.
El primer programa también mostrará la llegada de las jóvenes a la casa madre de las misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada en Granada, sus primeros días en la congregación y su adaptación a una vida totalmente nueva, dejando atrás los hábitos y rutinas de su vida como seglares.