Mercedes Milá cuenta a Risto Mejide cuándo lo vio "todo negro" en 'GH'

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"La vida no viene con manual de instrucciones y los mejores maestros son siempre los que ya se han ido. Pero eso no significa que no debamos aprender. Los profesores son los que menos esperamos y los exámenes siempre nos pillan por sorpresa. Aunque todos pasaremos de curso algún día, no todos estamos en la misma clase y siempre hay gente que cree en otra oportunidad después del examen final. Bienvenidos a la única universidad a la que todos llegamos becados: la propia vida". Así presenta Risto Mejide Chester in love: life, una nueva edición del espacio de Cuatro que en esta ocasión tratará nada más y nada menos que de la vida y que la cadena emite el domingo 5 de marzo (21.30).
Descendiente de aristócratas pero "con la sangre roja y no azul", la atrevida e indomable presentadora de televisión Mercedes Milá afirma que contó "con una educación muy rompedora a pesar de que mi madre es más clásica que una lámpara de comedor de esas de cristalitos". Milá tiene claro que no ha sido una niña pija y admite: "He odiado a las niñas pijas desde que tengo uso de razón. Si quieres insultarme, llámame pija".
La televisión es el medio natural de Mercedes Milá. Sin embargo, el exceso de trabajo la llevó a caer en un agujero negro: "Quizás no supe controlar el trabajo, pasas de ser una persona como has sido toda la vida a todo lo contrario. En mi caso, de ser una tía positiva a verlo todo negro", afirma. "Los dos últimos años que hice Gran hermano lo hice en un estado complicado. Yo hace un año no hubiera podido venir aquí a hacer la entrevista, me habría echado a llorar en la entrada", explica la periodista.
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El nombre de Mercedes Milá está inmediatamente asociado a Gran hermano, un programa que ha presentado en 15 de sus 17 ediciones. "Yo no creo que vuelva a presentar Gran hermano en este momento. Fueron 16 años, 16 años de felicidad, de emociones, de todo, con un equipo genial, pero empezó siendo un caminito pequeño y se convirtió en una autopista al cielo".
El actor Miguel Ángel Muñoz se vio obligado a madurar antes de tiempo, ya que comenzó a trabajar desde muy niño: "Lo difícil no era hacer una película con diez años, sino hablar de la sexualidad a un niño de diez años, que era de lo que trataba El palomo cojo. Hubo un momento donde yo le tenía que tocar el pecho a María Barranco en una escena y me parecía algo fortísimo".
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Tras el éxito juvenil, Miguel Ángel Muñoz tuvo que asumir el olvido: "No entendía muy bien lo que pasaba con 14 años, pero lo entendí muy bien a los 15 cuando me fui de Al salir de clase y pasé de ser una estrella a una mierda, así, de un día para otro. Estaba acostumbrado a que me pidieran autógrafos y fotos, a que me reconociese todo el mundo (...) y de pronto venía un grupo de niñas y me apartaban a mí para hacerse fotos con mis compañeros".
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La condena de su madre, Cristina Blanco, fue uno de los momentos más difíciles de su vida: "Lo vives con dificultad, con muchas ganas de cuidarla y también con la máxima compasión que tienes por la persona que más quieres en el mundo. Y esa compasión está en no juzgar ni cuestionar, sino en ver cómo está e intentar que se ponga lo mejor posible en el plazo más corto de tiempo. Duele ver cómo una persona toca fondo y le cuesta muchísimo salir".
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Mantener la discreción respecto a su vida privada es parte de su día a día, ya que su profesión le ha convertido en un objetivo habitual de la prensa: "Cuido tanto que no se me vea que a veces es difícil incluso que surja algo de una manera natural". Por el hecho de tener tanto cuidado, ha llegado a estropear sus relaciones: "No actúo con normalidad. Cuando me gusta alguien a lo mejor me apetecería darle un beso en la calle o ir de la mano o abrazado y no lo hago. Lo hago en la intimidad porque de repente te hacen una fotografía, te preguntan y parece que algo se hace oficial cuando no lo es", explica el actor.
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