Un hombre de negocios de EEUU 'hereda' un estado árabe en 'Tyrant'

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Una noche cargada de conspiraciones, tensión encubierta y conflictos internacionales. Una noche donde los buenos no parecen serlo tanto y los malos... son muy malos. Una noche en la que el pasado parece empeñado en querer regresar al presente y donde el futuro nunca termina de resultar tan sereno como debiera. Intriga, traiciones y acción nacidos de la mente de dos hombres capaces de imaginar los mayores peligros y plasmarlos en las ficciones políticas de más éxito de la temporada. El miércoles 1 de julio, Cuatro estrena en abierto en España Tyrant (22.30) y la cuarta temporada de Homeland (00.20), ambas creadas y producidas por dos de los cerebros más brillantes del Hollywood actual: Gideon Raff y Howard Gordon.
Tyrant es la última de las producciones de esta dupla de guionistas de probada solvencia en el género del espionaje y las intrigas políticas de corte internacional. La experiencia y los conocimientos de Raff en el funcionamiento de los resortes de poder en Oriente Próximo se ponen al servicio de la narrativa de Gordon para hilvanar la trama de Barry Al-Fayeed (Adam Ryner), un hombre de negocios hecho a sí mismo y heredero de un ficticio estado árabe emigrado a EEUU desde su más tierna infancia y alejado de su país natal.
Cuando un acontecimiento familiar le obliga a regresar a su país, se desatan las conjuras internas, acorde con las externas que han tomado las calles y las ciudades. ¿Ha vuelto para reclamar su trono? ¿Acaso se ha propuesto acercar su país, clave en la estabilidad de Oriente Próximo, a la órbita de poder de EEUU? ¿Se enfrentará a su hermano, hasta ahora el único destinado a hacerse con el Gobierno y más cerca de un tirano medieval que de un gobernante? Preguntas que no parecen contar con mucho tiempo para ser contestadas.
Tyrant
Tyrant
tyrant

Grabada a caballo entre Marruecos, Israel y Turquía, Tyrant actualiza la clásica y encarnizada lucha de los poderosos para hacerse con el control total pero la traslada hasta el Oriente Próximo actual, sacudido por las revueltas sociales en busca de modernidad y las contrarrevoluciones de las facciones más radicales del islamismo. El equipo de la serie, encabezado por el actor Adam Ryner (Tracers), Ashraf Barhom (Ágora) y Noah Silver (Last knights), ya se encuentra preparando la segunda temporada.
Homeland

Si el final de la tercera temporada de Homeland dejó a los espectadores desconcertados, el arranque de esta cuarta tanda de episodios volverá a sumirles en el estado de tensión y locura con el que parece convivir en extraña armonía la agente especial de la CIA Carrie Mathison (Claire Danes). Su reciente maternidad se ha convertido en el gran obstáculo que la mantiene alejada de la primera línea de combate, una situación desesperante para una mujer necesitada de la acción cuerpo a cuerpo.
Para su desgracia, una serie de operaciones encubiertas sobre Pakistán, destinadas a debilitar la cabeza regional del Estado Islámico, han terminado con desastrosos resultados para su equipo. Parece evidente que su rol en la agencia tiene los días contados. Sin embargo, las piezas no terminan de encajar en el puzzle. No es posible que todo le vaya tan mal. La sombra de un traidor sobrevuela sobre el pensamiento de Carrie. Y si Carrie sospecha de algo, nada ni nadie la detendrá, sin importarle el precio.
Homeland

Despojados de la trama Brody, Gideon Raff y Howard Gordon imprimen un espectacular giro a esta nueva temporada de Homeland. Un salto temporal permite al espectador avanzar en el tiempo y reconectar con una agente Mathison que recuerda a la joven de los primeros episodios de la serie: sola, desamparada y con la sombra de la esquizofrenia poniendo en tela de juicio cada una de sus acciones.
Escudada por sus fieles compañeros Saul Berenson (Mandy Patinkin) y Peter Quinn (Rupert Friend), Homeland traslada la acción hasta el Pakistán contemporáneo, donde el islamismo moderado se enfrenta a diario a la radicalización que promueve Estado Islámico, y donde EEUU y la CIA parecen jugar a un peligroso equilibrio de poder con devastadoras consecuencias para sus agentes sobre el terreno.